Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,/en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.
El sol y la luna hacen pareja: lumbreras mayor y menor. La luna y las estrellas nos brindan su luz en la noche. Creaturas claras, preciosas y bellas, como la plantita de Francisco, que dejara su vida de mujer noble para consagrarse al Hijo del Altísimo, bajo la guía espiritual del Pobre de Asís, minor por origen (no era noble) y por opción evangélica, destacada en el magisterio latinoamericano posconciliar: Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. En la noche más oscura de su existencia, el Guía buscó la ayuda luminosa de su plantita, Clara, que le recordó que debía practicar la desapropiación, no sólo de su jarra artesanal, sino de la Orden, para recuperar la paz. Fuerte tiempo de tensión entre Francisco y los clérigos en la Orden, que contaban con el apoyo del Cardenal Hugolino, luego Papa. Suave firmeza de la preciosa y bella alma gemela de Francisco. Paz y gozo recuperados por el exmercader, servidor de leprosos y amigo del halcón que lo visitaba en el monte Alverna, donde el Altísimo quiso regalarle las marcas del Crucificado.
Dice Ignacio Lepp que las relaciones más enriquecedoras son las heterosexuales, porque son complementarias (Martes y Venus), pero que simultáneamente son difíciles fuera del matrimonio, porque pueden poner en riesgo el proyecto de vida (matrimonial o célibe). Francisco y Clara son una pareja de amigos entrañables, que se ayudaron uno al otro a crecer en el seguimiento de Jesús de Nazaret, en oración, fraternidad y minoridad, en obediencia y castidad, en medio de una sociedad feudal y una Iglesia hecha a imagen y semejanza de dicha sociedad, con un Papa y unos obispos que eran señores feudales ('mayores'), con sus respectivos ejércitos. Los jungianos afirman que todos tenemos animus y anima, es decir, vigor masculino y ternura femenina. Así tituló Leonardo Boff su obra sobre Francisco de Asís. Francisco enriquece su anima con el animus de Clara y la plantita renueva su animus en el anima del Pobrecillo. En Conocoto, Quito, los formadores capuchinos de buena parte de América Latina, subcontinente marcado fuertemente por el machismo, hemos tenido la ocasión de reflexionar, dialogar y orar sobre nuestra afectividad y sexualidad. Una de las conclusiones ha sido que todos necesitamos cuidar esas dimensiones tan hondas (self en lenguaje de Jung), y para ello debemos cultivar relaciones entrañables en la Fraternidad (Orden) y fuera de ella, con mujeres y varones, clérigos, religiosos (as) y laicos (as). Por ahora no hay clérigas... Acompañados para acompañar, especialmente a los jóvenes en general y a los aspirantes y formandos en particular. Otrosí: si uno no cuida el self vive en el nivel del ego (la conciencia) y la persona (máscara o rol), con el peligro de perder hondura y vitalidad. Hay clérigos y religiosos a quienes ocurre eso, convirtiéndose en fariseos, superficiales y rígidos, sepulcros encalados (cadáveres perfumados, con incienso u otra esencia), que se encaraman en su institución, despóticos, y machacan a los que se acercan.
jueves, 3 de septiembre de 2009
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Jornada caraqueña
Otra jornada caraqueña. Presidí la misa de 8:00 am. Rumio la Palabra: Jesús que sana; ha venido en ayuda de nuestra fragilidad. La Buena noticia consiste en experimentar que la Misericordia de Dios es mayor que la miseria humana, aunque con frecuencia la angustia toque a la puerta del corazón. Lectura de El Nacional en físico y el Correo del Caroní en versión electrónica. La arremetida del fascismo que nos desgobierna e intenta controlar todos los espacios -el ogro 'filantrópico', dijo el mexicano Paz y cita el zuliano Lombardi- aumenta la intensidad de sus ataques. La noticia hermosa, además del coraje ciudadano, es el premio a Rafael Cadena, buscador de lo esencial, versificador de la conciencia de la unidad cósmica y la dependencia del Uno (los católicos decimos Uno y Trino). Este poeta es un buen testigo de la palabra que refleja la Palabra que limpia, sana, alimenta, fortalece, embriaga, libera...
Acompaño a Alfonso y a Ramón a La Pastora; saludo al Hno. Omar y a Marina, maracucha y amiga. Sigo para La Florida, con Alfonso y Hernán; éste va a fisioterapia, en la Clínica P. Pío, obra del Hno. Lucas, veterano castellano. En La Chiquinquirá saludo a los frailes y dialogo con el Hno. Ricardo. Almuerzo frailuno y siesta. Busqué infructuosamente, en el archivo, la biblioteca local y la biblioteca de la revista 'Nuevo Mundo' una obra sobre Mons. Romero que desea el Hno. Adalberto, viceprovincial de los Capuchinos en Ecuador. Camino, rezo el rosario y medito de La Florida a La Merced. Considero la cuestión de la paz y los instantes. 'Si supieras lo que puede conducirte a la paz', dijo el carpintero Mesías a Jerusalem. El silencio y la desapropiación: esa es la vía para la paz. Buda, Jesús, Francisco, Teresa, Teresita, Merton... lo han enseñado. Cada instante, en clave cristiana, roza la eternidad. El 'esjaton' (el Omega, lo Último) está presente en cada instante, porque el Crucificado y Resucitado viene a nuestro encuentro en cada persona y acontecimiento, en medio de los vaivenes de la Historia y de los meandros de la existencia.
Acompaño a Alfonso y a Ramón a La Pastora; saludo al Hno. Omar y a Marina, maracucha y amiga. Sigo para La Florida, con Alfonso y Hernán; éste va a fisioterapia, en la Clínica P. Pío, obra del Hno. Lucas, veterano castellano. En La Chiquinquirá saludo a los frailes y dialogo con el Hno. Ricardo. Almuerzo frailuno y siesta. Busqué infructuosamente, en el archivo, la biblioteca local y la biblioteca de la revista 'Nuevo Mundo' una obra sobre Mons. Romero que desea el Hno. Adalberto, viceprovincial de los Capuchinos en Ecuador. Camino, rezo el rosario y medito de La Florida a La Merced. Considero la cuestión de la paz y los instantes. 'Si supieras lo que puede conducirte a la paz', dijo el carpintero Mesías a Jerusalem. El silencio y la desapropiación: esa es la vía para la paz. Buda, Jesús, Francisco, Teresa, Teresita, Merton... lo han enseñado. Cada instante, en clave cristiana, roza la eternidad. El 'esjaton' (el Omega, lo Último) está presente en cada instante, porque el Crucificado y Resucitado viene a nuestro encuentro en cada persona y acontecimiento, en medio de los vaivenes de la Historia y de los meandros de la existencia.
martes, 1 de septiembre de 2009
Jornada conventual
Nos acostamos a las 2:30 am. Me desperté a las 6:30, pero volví a dormirme. Me levanté a las 8:00. Rutina matutina. Bajé a desayunar, frugalmente. Dialogué ampliamente con Ramón y Ernesto 'Kiko'. Especialmente con el segundo. Insistí en los dos temas claves: necesidad de renovar la pastoral juvenil en cada fraternidad y de hacer oferta vocacional atractiva, con la palabra y con el testimonio vital; y en fomación, la urgencia de que los formadores, especialmente los novatos, seamos acompañados para acompañar. Hablamos también sobre el desafío del noviciado intercircunscripcional (Ecuador, Colombia, Venezuela; la querida Gran Colombia de Bolívar).
Un rato de oración antes del almuerzo. La sobremesa se alargó. Nos acompaña una hermana de Wilfredo, qepd. Somos pocos, porque los estudiantes están en la casa de La Pastora, haciendo ejercicios espirituales con el Hno. Omar Rodulfo, quien vino de Roma para compartir con los capuchinos y con la familia franciscana. Ya tuvo una tanda de ejercicios con los novicios salientes y entrantes, en Santa Elena de Wairén.
Siesta reparadora. Antes de dormirme estuve en la duermevela, rumiando unas páginas del libro sobre los 'Pumas' frailunos ya nombrados. Meditaba sobre la coyuntura personal y la necesidad de vivir cada día en manos del Padre Bueno, gustando su amor y tratando de hacer su voluntad cotidianamente.
Celebré la misa de 5:00 pm. Al final, un llamado paulino a la esperanza ante la dura realidad de la Hermana Muerte. Mientras escribo estas líneas la Hermana lluvia acaricia el anonimato y la prisa de la ciudad capitalina. Al ver los monumentos coloniales de Quito uno tiene que recordar que ellos fueron virreinato y nosotros pobre capitanía general. La historia contemporánea, petrolera, hizo que Venezuela luciera durante años como atractiva para la migración de europeos y suramericanos, incluyendo ecuatorianos. Quizá, a pesar de la crisis mundial y de la década de prolongación autoritaria de los males de la llamada cuarta república, todavía vengan hermanos a esta patria de Bolívar, buscando nuevos horizontes.
Un rato de oración antes del almuerzo. La sobremesa se alargó. Nos acompaña una hermana de Wilfredo, qepd. Somos pocos, porque los estudiantes están en la casa de La Pastora, haciendo ejercicios espirituales con el Hno. Omar Rodulfo, quien vino de Roma para compartir con los capuchinos y con la familia franciscana. Ya tuvo una tanda de ejercicios con los novicios salientes y entrantes, en Santa Elena de Wairén.
Siesta reparadora. Antes de dormirme estuve en la duermevela, rumiando unas páginas del libro sobre los 'Pumas' frailunos ya nombrados. Meditaba sobre la coyuntura personal y la necesidad de vivir cada día en manos del Padre Bueno, gustando su amor y tratando de hacer su voluntad cotidianamente.
Celebré la misa de 5:00 pm. Al final, un llamado paulino a la esperanza ante la dura realidad de la Hermana Muerte. Mientras escribo estas líneas la Hermana lluvia acaricia el anonimato y la prisa de la ciudad capitalina. Al ver los monumentos coloniales de Quito uno tiene que recordar que ellos fueron virreinato y nosotros pobre capitanía general. La historia contemporánea, petrolera, hizo que Venezuela luciera durante años como atractiva para la migración de europeos y suramericanos, incluyendo ecuatorianos. Quizá, a pesar de la crisis mundial y de la década de prolongación autoritaria de los males de la llamada cuarta república, todavía vengan hermanos a esta patria de Bolívar, buscando nuevos horizontes.
De vuelta al caos
El título fue la frase dicha por un chamo a su compañero de viaje, cuando arribamos a Venezuela y tuvimos que esperar más de una hora para que aparecieran las maletas en las correas giratorias. Felizmente el Hno. Ernesto, viceprovincial, y el Hno. Jorge, rector del vetusto templo de La Merced, nos esperaban, con mucha paciencia, porque el avión tenía una hora de retraso.
La jornada había comenzado en Quito y finalizaba en Caracas. En la mañana participé en la misa presidida por el Hno. Jorge, maestro de novicios de Colombia. Desayuno. Salimos de compras: Vicente, diácono capuchino, ecuatoriano, nos dejó a Alfonso y a mí en Abya Yala, famosa editorial de textos indígenas e indigenistas. Cada uno, después de mirar muchos títulos interesantes, compró un par de libros. Adquirí la autobiografía de Mons. Proaño y un texto de intelectuales indígenas pensando América Latina (2007). De allí caminamos hasta el Mercado artesanal, donde topamos con Ramón y Richard. Compramos souvenirs para llevar a nuestro terruño. Llegamos a la casa de la curia viceprovincial capuchina, ecuatoriana, a tiempo para almorzar. En la mesa dialogué con el Hno. Miguel Ángel Cabodevilla, fraile navarro pero con muchos años de servicio en Ecuador; hombre de pluma y organización en el centro de investigaciones y publicaciones del Vicariato de Aguarico. Di un paseo dialogado con él, hasta la sede de la Procura misionera de dicho Vicariato. Allí saludé a Juan Carlos, otro misionero navarro. Miguel y Juan nos obsequiaron varios textos de indigenismo y misión, interesantes y muy bien editados; quiero destacar una biografía de dos 'Pumas', un fraile capuchino y otro franciscano; el primero vasco y vivo, el segundo canadiense, ya difunto; el vasco, hombre de acción, el segundo más místico; ambos entregados en cuerpo y alma a la Buena Noticia de Jesús en medio de los ribereños del río Napo, especialmente al servicio de los indígenas de la región. También debo subrayar dos obras del fraile vasco: una de mitos y otra, un estudio de la cosmovisón de los Napo-runa. Finalmente, un libro describiendo la cotidianidad misional, de Miguel Ángel. Ya iré compartiendo detalles de esas obras y otras, cuando las vaya gustando.
Hacer maletas fue una obra artesanal, para que todo cupiera y tuviéramos peso aceptable en las maletas. El Hno. Adalberto, viceprovincial, nos llevó al aeropuerto. Viajamos, con una hora de retraso, junto con el equipo de futsal ecuatoriano. Gracias al Altísimo y a los Hermanos ecuatorianos por estos magníficos días.
La jornada había comenzado en Quito y finalizaba en Caracas. En la mañana participé en la misa presidida por el Hno. Jorge, maestro de novicios de Colombia. Desayuno. Salimos de compras: Vicente, diácono capuchino, ecuatoriano, nos dejó a Alfonso y a mí en Abya Yala, famosa editorial de textos indígenas e indigenistas. Cada uno, después de mirar muchos títulos interesantes, compró un par de libros. Adquirí la autobiografía de Mons. Proaño y un texto de intelectuales indígenas pensando América Latina (2007). De allí caminamos hasta el Mercado artesanal, donde topamos con Ramón y Richard. Compramos souvenirs para llevar a nuestro terruño. Llegamos a la casa de la curia viceprovincial capuchina, ecuatoriana, a tiempo para almorzar. En la mesa dialogué con el Hno. Miguel Ángel Cabodevilla, fraile navarro pero con muchos años de servicio en Ecuador; hombre de pluma y organización en el centro de investigaciones y publicaciones del Vicariato de Aguarico. Di un paseo dialogado con él, hasta la sede de la Procura misionera de dicho Vicariato. Allí saludé a Juan Carlos, otro misionero navarro. Miguel y Juan nos obsequiaron varios textos de indigenismo y misión, interesantes y muy bien editados; quiero destacar una biografía de dos 'Pumas', un fraile capuchino y otro franciscano; el primero vasco y vivo, el segundo canadiense, ya difunto; el vasco, hombre de acción, el segundo más místico; ambos entregados en cuerpo y alma a la Buena Noticia de Jesús en medio de los ribereños del río Napo, especialmente al servicio de los indígenas de la región. También debo subrayar dos obras del fraile vasco: una de mitos y otra, un estudio de la cosmovisón de los Napo-runa. Finalmente, un libro describiendo la cotidianidad misional, de Miguel Ángel. Ya iré compartiendo detalles de esas obras y otras, cuando las vaya gustando.
Hacer maletas fue una obra artesanal, para que todo cupiera y tuviéramos peso aceptable en las maletas. El Hno. Adalberto, viceprovincial, nos llevó al aeropuerto. Viajamos, con una hora de retraso, junto con el equipo de futsal ecuatoriano. Gracias al Altísimo y a los Hermanos ecuatorianos por estos magníficos días.
domingo, 30 de agosto de 2009
Quito XIII
Iniciamos la jornada con laudes y desayuno. Nos despedimos de las Bethlemitas y sus empleados, que nos han atendido muy bien en estas dos semanas del Encuentro de formadores capuchinos de la Conferencia capuchina andina. Hemos participado frailes de Unasur, más un fraile de México. Creo que el ambiente ha sido más distendido que en Bariloche... donde Lula parece haber hecho de domador de la bestia apocalíptica que con tanta facilidad habla de ir a la guerra, pero cuando es su sangre la que está en juego se vuelve escatológico (no lo quiero decir con su lenguaje de albañal).
Hicimos un largo paseo por el Quito colonial. Evoco la frase atribuida a Bolívar: Caracas es un cuartel (sigue siéndolo), Bogotá una academia y Quito un convento. Impresionantes los abundantes templos y conventos, especialmente la Iglesia de la Compañía, que no pudimos ver, porque coincidió nuestra llegada con una celebración litúrgica; la visité hace treinta años; barroco cubierto de oro. No menos impactante el Convento de S. Francisco, cuya iglesia principal está en restauración. Celebramos en una capilla de la gran estructura de este gigante convento: la Capilla de Cantuña. Cantuña es un personaje histórico y legendario: parece haber sido un indígena muy hábil en diversos oficios. La leyenda cuenta que empeñó su alma al diablo para que le ayudara con sus huestes a terminar a tiempo el patio empedrado de la explanada delantera del Convento; el pacto tenía una cláusula que salvó su alma; no podía faltar una piedra en la explanada; Cantuña fue y sacó una piedra, dejando embaucado a Satanás. Es una capilla de mucha tradición popular, con una réplica del Jesús del Gran poder (Un Nazareno cargando la cruz). Vimos el original, en el Museo del Convento, que ocupa las salas de uno de los nueve patios de esta joya arquitectónica. Un fraile menor, diácono, hizo de guía turístico, aunque hay personal pagado en el Museo: un detalle fraterno. Con rapidez, sencillez y conocimiento del asunto, nos hizo una gira, explicando detalles de las principales obras. Donde más nos detuvimos fue en el coro de techo artesonado, de estilo mudéjar. Sería largo y difícil reseñar en esta entrada tantos datos cómo nos brindó.
Comimos un emparedado mientras seguíamos gustando de la belleza de esta zona de la ciudad. En la plaza de S. Francisco y en la plaza Grande, en frente del Palacio de Gobierno, había sendos grupos de música afroecuatoriana. El bus escolar, contratado para la ocasión, nos llevó hasta el restaurante-buffet Toronto, cerca de la Curia viceprovincial de los capuchinmos en Ecuador. Almuerzo opíparo, con cerveza Pilsener y vino tinto chileno. A las 3:00 pm pude descansar. A las 4:30 leí la prensa y conversé un poco con algunos compañeros. Alfonso y Ramón se habían ido a Quito Sur, al convento del posnoviciado. Los frailes peruanos parece fueron al cine. Yo salí a caminar un poco antes de la cena, con José Gustavo, fraile y diácono colombiano. Me preguntó sobre mi itinerario, especialmente en los primeros años después de la formación inicial. Visitamos el cercano Santuario de la Virgen del Cisne, donde oramos unos minutos y gustamos de alguna pieza musical interpretada por la banda de Quito de la Policía Nacional, que honran a su patrona.
La cena fue frugal, para compensar lo del almuerzo. Alguno ni tocó la cena, que aquí llaman merienda.
Hicimos un largo paseo por el Quito colonial. Evoco la frase atribuida a Bolívar: Caracas es un cuartel (sigue siéndolo), Bogotá una academia y Quito un convento. Impresionantes los abundantes templos y conventos, especialmente la Iglesia de la Compañía, que no pudimos ver, porque coincidió nuestra llegada con una celebración litúrgica; la visité hace treinta años; barroco cubierto de oro. No menos impactante el Convento de S. Francisco, cuya iglesia principal está en restauración. Celebramos en una capilla de la gran estructura de este gigante convento: la Capilla de Cantuña. Cantuña es un personaje histórico y legendario: parece haber sido un indígena muy hábil en diversos oficios. La leyenda cuenta que empeñó su alma al diablo para que le ayudara con sus huestes a terminar a tiempo el patio empedrado de la explanada delantera del Convento; el pacto tenía una cláusula que salvó su alma; no podía faltar una piedra en la explanada; Cantuña fue y sacó una piedra, dejando embaucado a Satanás. Es una capilla de mucha tradición popular, con una réplica del Jesús del Gran poder (Un Nazareno cargando la cruz). Vimos el original, en el Museo del Convento, que ocupa las salas de uno de los nueve patios de esta joya arquitectónica. Un fraile menor, diácono, hizo de guía turístico, aunque hay personal pagado en el Museo: un detalle fraterno. Con rapidez, sencillez y conocimiento del asunto, nos hizo una gira, explicando detalles de las principales obras. Donde más nos detuvimos fue en el coro de techo artesonado, de estilo mudéjar. Sería largo y difícil reseñar en esta entrada tantos datos cómo nos brindó.
Comimos un emparedado mientras seguíamos gustando de la belleza de esta zona de la ciudad. En la plaza de S. Francisco y en la plaza Grande, en frente del Palacio de Gobierno, había sendos grupos de música afroecuatoriana. El bus escolar, contratado para la ocasión, nos llevó hasta el restaurante-buffet Toronto, cerca de la Curia viceprovincial de los capuchinmos en Ecuador. Almuerzo opíparo, con cerveza Pilsener y vino tinto chileno. A las 3:00 pm pude descansar. A las 4:30 leí la prensa y conversé un poco con algunos compañeros. Alfonso y Ramón se habían ido a Quito Sur, al convento del posnoviciado. Los frailes peruanos parece fueron al cine. Yo salí a caminar un poco antes de la cena, con José Gustavo, fraile y diácono colombiano. Me preguntó sobre mi itinerario, especialmente en los primeros años después de la formación inicial. Visitamos el cercano Santuario de la Virgen del Cisne, donde oramos unos minutos y gustamos de alguna pieza musical interpretada por la banda de Quito de la Policía Nacional, que honran a su patrona.
La cena fue frugal, para compensar lo del almuerzo. Alguno ni tocó la cena, que aquí llaman merienda.
sábado, 29 de agosto de 2009
Quito XII
Hoy he trabajado con los hermanos Laercio, custodio de Paraguay, y Carlos, joven peruano, en la revisión del borrador que recoge lo reflexionado, dialogado y orado durante estas dos semanas, en torno a la vida afectiva de los formadores y la pastoral juvenil y vocacional.
Iniciamos la jornada con la eucaristía y el desayuno: misa y mesa. Los demás hermanos laboraron con la evaluación de este encuentro y la organización del siguiente. Eligieron Paraguay y Venezuela como posibles sedes, para dentro de dos años. En la tarde, después de almuerzo se fueron de paseo al monumento de la línea del Ecuador, mitad del mundo. Los redactores seguimos con nuestra tarea. Finalizamos cerca de las 7:00 pm. Todavía no han regresado los excursionistas. Ayer y hoy han estado en esta casa un puñado de jóvenes paulinos con su formador. Están haciendo retiro.
Al redactar el documento final he tenido ocasión de repasar, en diálogo con Laercio y Carlos, estas dos semanas. Cada ponente nos ha iluminado; dialogamos con sinceridad en los grupos; las plenarias fueron bien conducidas, para escuchar a los secretarios, y complementar con intervenciones espontáneas; así fue naciendo el documento. Esta tarea tiene un contexto de oración, fraternidad y múltiples servicios. Lo más enriquecedor termina siendo el compartir experiencias, aunque las iluminaciones de Kevin y los esposos jungianos fueron muy buenas.
Recuerdo una anécdota en el Concilio plenario de la Iglesia en Venezuela; quien escribe tuvo el atrevimiento de decir a Pedro Trigo, en una de las primeras sesiones: estamos perdiendo el tiempo, por que sólo repetimos el Vaticano II. Contestó sabiamente Pedro: el objetivo no es ir más allá del Vaticano II, es recibirlo y no retroceder. Seguimos en la tarea de recepción de ese acontecimiento pentecostal que nos llamó a tomar en serio el giro antropológico, la secularidad y la vocación común al seguimiento de Jesús, en diversos estados de vida. De esto se trata el documento: tomar en serio la condición sicoafectiva del formador, de los formandos, de los aspirantes y de los jóvenes en general; asumir la pasión por el seguimiento de Jesús, en nuestro caso con el estilo de Francisco de Asís y de Félix de Cantalicio, en la América Latina de este siglo XXI; ofrecer esta pasión y estilo al pueblo de Dios y a la humanidad, humildemente, teniendo la esperanza de que algunos jóvenes vendrán a compartir nuestra existencia.
Iniciamos la jornada con la eucaristía y el desayuno: misa y mesa. Los demás hermanos laboraron con la evaluación de este encuentro y la organización del siguiente. Eligieron Paraguay y Venezuela como posibles sedes, para dentro de dos años. En la tarde, después de almuerzo se fueron de paseo al monumento de la línea del Ecuador, mitad del mundo. Los redactores seguimos con nuestra tarea. Finalizamos cerca de las 7:00 pm. Todavía no han regresado los excursionistas. Ayer y hoy han estado en esta casa un puñado de jóvenes paulinos con su formador. Están haciendo retiro.
Al redactar el documento final he tenido ocasión de repasar, en diálogo con Laercio y Carlos, estas dos semanas. Cada ponente nos ha iluminado; dialogamos con sinceridad en los grupos; las plenarias fueron bien conducidas, para escuchar a los secretarios, y complementar con intervenciones espontáneas; así fue naciendo el documento. Esta tarea tiene un contexto de oración, fraternidad y múltiples servicios. Lo más enriquecedor termina siendo el compartir experiencias, aunque las iluminaciones de Kevin y los esposos jungianos fueron muy buenas.
Recuerdo una anécdota en el Concilio plenario de la Iglesia en Venezuela; quien escribe tuvo el atrevimiento de decir a Pedro Trigo, en una de las primeras sesiones: estamos perdiendo el tiempo, por que sólo repetimos el Vaticano II. Contestó sabiamente Pedro: el objetivo no es ir más allá del Vaticano II, es recibirlo y no retroceder. Seguimos en la tarea de recepción de ese acontecimiento pentecostal que nos llamó a tomar en serio el giro antropológico, la secularidad y la vocación común al seguimiento de Jesús, en diversos estados de vida. De esto se trata el documento: tomar en serio la condición sicoafectiva del formador, de los formandos, de los aspirantes y de los jóvenes en general; asumir la pasión por el seguimiento de Jesús, en nuestro caso con el estilo de Francisco de Asís y de Félix de Cantalicio, en la América Latina de este siglo XXI; ofrecer esta pasión y estilo al pueblo de Dios y a la humanidad, humildemente, teniendo la esperanza de que algunos jóvenes vendrán a compartir nuestra existencia.
Quito XI
Ayer la brega fue con el borrador del documento síntesis. Lectura personal, trabajo grupal y plenaria. También tuvimos la ocasión de escuchar a Mons. Luis Cabrera, franciscano leonino, Arzobispo de Cuenca. Alguien comentó que en América Latina obispos como él son la contraparte de los obispos del Opus Dei. Francisco nos diría que no veamos pecado en el Opus, pero que seamos fieles a nuestro carisma. Mons. Luis, en sintonía con otro obispo con el mismo nombre, Mons. Luis Augusto Castro, colombiano, nos llamó a centrar la atención en la misión; Jesús nos llama para que estemos con él, sí, pero luego nos envía a anunciar el Reino de Dios, la Misericordia del Padre bueno que quiere que todos tengamos vida y vida abundante. Para nosotros esa misión que nace del seguimiento de Jesús de Nazarert, lúcido y cálido, tiene unas notas carismáticas: oración, fraternidad, minoridad. Es interesante que esas notas tienen unos correlatos en la realidad desafiante de los crecientes movimientos pentecostales: orar con la Palabra, pertenecer a una perqueña comunidad donde se es conocido y apreciado, participación en la misión, especialmente en medio de los empobrecidos ('menores' en categorías medievales y franciscanas).
Los hermanos Laercio, brasileño, custodio de Paraguay, Carlos, peruano, y quien escribe, fuimos designados como comisión de redacción. Aunque estuve toreando tareas de secretaría, termino en esta comisión. Sea por servicio fraterno. En la noche los venezolanos, siguiendo la estela de Stefanía (ja...), ganamos primer premio en canto y baile, con las habilidades de juglares (cantantes y payasos) de Alfonso y Richard, quienes presentaron el acto de la elefanta Pepita, con ayuda del fraile brasileño, residente en Paraguay, Edisson. El 'orinado' por Pepita fue José Gustavo, colombiano. Piero, peruano, miembro del Oficio General de Formación, residente en Frascati, Italia, se despidió, porque viajará mañana temprano.
Los hermanos Laercio, brasileño, custodio de Paraguay, Carlos, peruano, y quien escribe, fuimos designados como comisión de redacción. Aunque estuve toreando tareas de secretaría, termino en esta comisión. Sea por servicio fraterno. En la noche los venezolanos, siguiendo la estela de Stefanía (ja...), ganamos primer premio en canto y baile, con las habilidades de juglares (cantantes y payasos) de Alfonso y Richard, quienes presentaron el acto de la elefanta Pepita, con ayuda del fraile brasileño, residente en Paraguay, Edisson. El 'orinado' por Pepita fue José Gustavo, colombiano. Piero, peruano, miembro del Oficio General de Formación, residente en Frascati, Italia, se despidió, porque viajará mañana temprano.
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